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Esclerosis Multiple |
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Exploración
física Mental.
Puede
haber falta de juicio y alteración. La labilidad emocional es frecuente y
junto con signos leves diseminados, puede llevar a una impresión inicial
equivocada de histeria. En muchos pacientes se produce euforia, pero en
algunos hay una depresión reactiva. El llanto súbito o la risa forzada
(se refiere a una seudobulbar) indican una afectación de las vías
corticobulbares del control emocional. Puede haber crisis convulsivas. Las
alteraciones graves (como manía o demencia) son poco frecuente y se
producen tardíamente en la enfermedad. El lenguaje escondido (enunciación
lenta, con tendencia a dudar al inicio de una palabra o sílaba) es
frecuente cuando la enfermedad está avanzada. La afasia es rara. Pares craneales.
Además
de la neuritis óptica inicial (v. Antes), suele existir, en algún
momento, uno o más de los siguientes signos oculares: atrofia parcial del
nervio óptico con palidez
temporal, alteraciones de los campos visuales (escotamos central o
estrechamiento general de los campos) y oftalmología transitoria con
diplopía (por afectación de las vías del tronco encefálico que conecta
los núcleos de los pares craneales III, IV y VI). En la neuritis óptica se observa edema de papila, pero las
alteraciones pupilares, las pupilas de Argyll-Robertson o la ceguera total
son raras. El nistagmo, un hallazgo frecuente, puede deberse a una lesión
cerebrosa o del núcleo vestibular. Otros
signos de afectación de los pares craneales son infrecuentes y su
presencia suele deberse a una lesión del tronco encefálico en el área
de los nervios craneales. La sordera es rara, pero no lo es, en cambio, el
vértigo. A veces observa una sensación de entumecimiento en un lado de
la cara o dolor (semejante al de la neurología del trigémino). Motor:
Los
reflejos profundos (por ejemplo: rotuliano y aquilíeo) están
generalmente exacerbados; a menudo hay signo de babinski y clonus. Los
reflejos superficiales, en particular los abdominales superiores o
inferiores, están disminuido o abolido. A menudo el paciente refiere síntomas
unilaterales, pero la exploración revela signos de afectación bilateral
de las vías corticoespinales. Es frecuente el temblor de intención por
lesiones cerebelosa, que se acentúa con el esfuerzo continuado en actos
voluntarios. El movimiento es atáxico, es decir, en sacudidas,
irregulares, temblorosos e ineficaz. Puede observarse un temblor estático
especialmente evidente cuando la cabeza no esta apoyada. La debilidad y
espasticidad musculares consecutivas a la lesión corticoespinal producen
una marcha vacilante, con oscilaciones, como de borracho; posteriormente
la combinación de elasticidad y asfixia cereberosa puede ser totalmente
incapacitante. Las lesiones cerebrales pueden causar hemiplejías, que
algunas veces es el síntoma de presentación. En fases tardías pueden
aparecer atrofias musculares o espasmos flexores dolorosos en respuestas a
estímulos sensitivos (por ejemplo ropa de cama). La triada de
Charcot.
(Nistagmo, temblor de tensión y lenguaje escondido) constituye una
manifestación cerebelosa frecuente en la enfermedad avanzada. Puede haber
una ligera disartria consecutiva a una lesión cerebelosa, alteraciones
del control cortical o lesión de los núcleos bulbares. Sensibilidad:
La
pérdida completa de alguna de las formas de sensibilidad cutánea es rara,
pero pueden aparecer entumecimiento y embotamiento de la sensibilidad,
como en la hemianestecia para el dolor, o alteraciones de la sensibilidad
vibratoria y de la posición, a menudo localizada, en manos o piernas. Los
signos objetivos son transitorios y a menudo se detectan con una exploración
cuidadosa. Sistema nervioso
autónomo.
La
urgencia o la vacilación en la micción, la retención parcio al de orina
o la incontinencia leves son frecuentes en los casos de afección de la médula
espinal, así como la impotencia sexual en los varones y la anestesia
genital en las mujeres. En caso de afección grave y avanzada puede haber
incontinencia vesical y rectal. Evolución.
El curso clínico es altamente variable e impredecible, y en la mayoría
de los pacientes tiene un carácter remitente. Inicialmente, los distintos
episodios pueden estar separados por meses o años de remisión, en
especial cuando la enfermedad se inicia con un a neuritis retrobulbar.
Pero en general los intervalos libres se van acortando y al final sé
produce una incapacidad permanente y progresiva. Es probable que en la
mayoría de los casos la duración de la vida no se acorte. La duración
media de la enfermedad supera probablemente los 25 años, pero hay un gran
variabilidad. Se han comprobado remisiones de mayores de 25 años. Sin
embargo, algunos pacientes presentan episodios frecuentes y llegan rápidamente
a la incapacidad. En unos pocos casos, en particular cuando el inicio de
la enfermedad ocurre en la edad media el curso es progresivo y sin
remisiones y a veces la enfermedad es mortal en el plazo de un año. Diagnóstico.
El diagnóstico es indirecto y se establece por deducción a partir de las
características clínicas y de laboratorio. Los casos típicos pueden
diagnosticarse generalmente
con seguridad en base a los datos clínicos. Sin embargo por lo común no
puede establecerse el diagnóstico con certeza durante el primer episodio,
aún cuando se sospeche. Posteriormente,
una historia clínica de remisiones y exacerbaciones, son signos clínicos
de lesiones del SNC diseminadas en mas de un área, resulta altamente
sugestiva. El diagnóstico de certeza sólo debe hacerse después de
considerar todas las demás posibilidades. El
diagnóstico diferencial. Debe incluir infartos cerebrales pequeños,
siringomielia, esclerosis lateral amiotróficas, sífilis, anemia
perniciosa, artritis de la columna cervical, rotura de disco
intervertebral, impresión basilar, LES y atarais hereditarias. Deben
descartarse mediante los hallazgos clínicos tumores, abscesos y otras
lesiones ocupantes del espacios SNC, mal formaciones vasculares del
cerebro o de la médula espinal y anomalías de la columna vertebral o de
la base del cráneo. Si existen dudas puede ser necesaria un TAC o una RNM
y el examen del LCR. Debe prestarse especial atención al área del
agujero occipital, puesto que algunas lesiones tratables localizadas en la
médula espinal y el bulbo raquídeo (por ejemplo, quistes subaragnoideos,
tumores del agujero occipital) causan a veces un conjunto variable y
fluctuante de síntomas motores y sensitivos. Datos
de laboratorio. El LCR es anormal en mas del 55% de los casos. La lgG
puede ser mayor 13%, y los linfocitos y el contenido proteico pueden estar
ligeramente aumentados, pero estos hallazgos no son patognomónicos.
Pueden hallarse bandas
oligocionales, que indican una síntesis de lgG en el interior de la
barrera hematoencefálica, en la electroforesis sobre agarosa del LCR
hasta un 90% de los pacientes con esclerosis múltiples, pero su ausencia
no descarta la enfermedad. La concentración en LCR de la proteína básica
de mielina puede estar elevada durante la desmielinización activa. La
RNM es la técnica de diagnóstico por la imagen más sensible que dispone
para identificar una esclerosis múltiple; puede mostrar la presencia de múltiples
placas. Las lesiones pueden verse también en imágenes de TAC con
intensificación con contraste. La sensibilidad de las imágenes por TAC
pueden aumentarse administrando una dosis doble de I y retrasando la
exploración (TAC retrasada de doble dosis). Los
potenciales evocados son registrados de respuestas eléctricas a la
estimulación de un sistema sensitivo. Los patrones de los potenciales
evocados visuales, auditivos del tronco encefálico y somatosensitivos
pueden ser anormales en la fase inicial de la enfermedad. Tratamiento.
No existe tratamiento específico. Las remisiones espontáneas dificultan
la valoración de cualquier tipo de tratamiento. Muchos autores creen que
la prednisona, 60 mg/d, o la dexametanosa, 16 mg/d, hasta que las
manifestaciones remitan habitualmente, 1-3 d), seguida de una disminución
de las dosis hasta la supresión en 5-7 d, pueden acelerar la recuperación
del paciente en las crisis agudas (por ejemplo, neuritis retrobulbar) y
reducir al mínimo o prevenir los déficit neurológicos permanentes;
Estos efectos son evidentes especialmente si los fármacos se administran
al principio del episodio. El tratamiento a largo plazo con corticoide
rara vez esta justificado. El interferón beta, en dosis elevadas
administrado por vía S.C., a días alternos reduce la frecuencia de
exacerbaciones neurológicas en pacientes con esclerosis múltiple (recurrente),
Se están utilizando otros agentes prometedores. El
paciente debe mantener una vida lo más normal y activa posible; pero
evitando el exceso de trabajo y la fatiga. El masaje y los movimientos
pasivos de las extremidades epáticas debilitadas ayudan a que los
pacientes se sientan más cómodos. El entrenamiento muscular es físico y
psicológicamente beneficioso. La invalidez puede prevenirse mediante el
tratamiento inmediato de las infecciones y dificultades urinarias. En los
pacientes encamados hay que prevenir las ulceras por decúbito y la IU. El
sondaje Intermitente
resulta útil para mantener un bajo volumen, residual en la vejiga
urinaria; puede enseñarse al paciente para su autoaplicación
domiciliaria. Diversos fármacos reducen la espasticidad inhibiendo los
reflejos de la médula espinal; el de elección es el baclofeno, 40-80
mg/d en dosis fraccionadas; aunque la toxicidad a corto plazo de estos
productos parece ser mínima (generalmente somnolencia), sus efectos a
largo plazo son en gran parte desconocidos. Es necesario tener precaución
y buen juicio puesto que la reducción de la espasticidad de los pacientes
con esclerosis múltiple exacerbada a menudo la debilidad, incapacitando
con ello aun más al paciente. |