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El
Agua: No tan buena como la pintan Alrededor
del 80 por ciento de todas las enfermedades y más de una tercera parte de
todas las muertes en los países en desarrollo están relacionadas con el
agua. Cada ocho segundos muere un niño por una enfermedad relacionada con
el agua. Cada año, más de cinco millones de personas fallecen por
dolencias vinculadas a su consumo, la falta de higiene en el hogar o
defectos en la canalización. Y la diarrea, originada en un 30 por ciento
de los casos por el agua causando una grave deshidratación y malnutrición,
mata cada año a casi 3 millones de niños menores de cinco años, lo que
representa la cuarta parte de muertes en este grupo de edad. Los
riesgos para la salud asociados al consumo de agua serán especialmente
severos en las zonas urbanas en rápida expansión, donde el crecimiento
de la población y la construcción de grandes metrópolis limitará aún
más la disponibilidad de agua, según los expertos. La
OMS calcula que la morbilidad (número de casos) y mortalidad (número de
muertes) derivadas de las enfermedades más graves asociadas al agua se
reduciría entre un 20 y un 80 por ciento garantizando su potabilidad y
adecuada canalización. Los
patógenos que prosperan en los ambientes acuáticos pueden provocar cólera,
fiebre tifoidea, disenterías, poliomelitis, hepatitis y salmonelosis. Se
transmiten al beber agua infectada, comer pescado y marisco contaminado,
bañarse, nadar o vadear en aguas contaminadas o por insectos y caracoles
acuáticos. La
esquistomiasis mata cada año a unas 20.000 personas, según la OMS. Se
contrae al lavarse o bañarse en ríos, lagos o canales infectados. Un
gusano denominado esquistosoma penetra por la piel, llega a la sangre y se
instala en los vasos sanguíneos de los intestinos o la vejiga causando,
por ejemplo, un tipo de cáncer de vejiga que es la principal causa de
muerte para los hombres menores de 44 años en Egipto. La
incidencia de la dracunculosis ha decrecido un 97 por ciento desde 1986
gracias a la adopción de medidas preventivas como el filtrado de agua, la
desinfección de estanques, la instalación de bombas y la protección de
fuentes. La dracunculosis la causa un parásito conocido como gusano de
Guinea. La hembra adulta puede medir hasta un metro de largo y dos milímetros
de ancho. El parásito recorre el cuerpo causando enormes dolores, sobre
todo en las articulaciones. Finalmente, emerge por la piel, normalmente
por los pies, causando edemas, ampollas y úlceras que suelen ir acompañadas
de fiebre, náuseas y vómitos. Los afectados pueden infectar los
estanques de los que se abastecen las aldeas sumergiendo la parte afectada
en el agua. La
erradicación global de esta enfermedad parece próxima, con lo que, con
la poliomelitis, se convertirá en una de las escasas enfermedades que
pueden darse por eliminadas del Planeta, categoría en la que entra ya la
viruela. Para ello se requiere que no se notifiquen casos en ninguna parte
del mundo durante al menos tres años. La OMS certificó, el pasado mes de
enero, su erradicación en Pakistán, Irán y otros 19 países, entre los
que figuran Brasil y Papúa Nueva Guinea. Aunque continúa presente en 18
países, 16 de ellos subsaharianos, su retroceso es evidente: en 1986 se
contabilizaron tres millones y medio de casos frente a los 120.000
detectados en 1995. La mitad de todos ellos se produce ahora en un sólo
país, Sudán, cuya situación de conflicto dificulta la erradicación de
una enfermedad para la que se precisaría una inversión de unos tres
millones de dólares (13 y 16). La dracunculosis sigue siendo una dolencia
endémica en el 44 por ciento de las aldeas del país. Unos
200 millones de personas de Asia, Africa y Latinoamérica sufren
giardiasis, una infección intestinal que se transmite sobre todo por el
consumo de agua contaminada por heces. Causa diarrea, dolores abdominales
y pérdida de peso. Cada año se registran unos 500.000 nuevos casos, la
mayoría en niños. En
la actualidad, el cólera, el tifus y la disentería son raros en los países
industrializados. No así en los países en vías de desarrollo, donde
cada año se registran unos 16 millones de casos de cólera y 120.000
defunciones por esta enfermedad. Un 80 por ciento de los casos y muertes
por cólera se registran en Asia. También tiene una alta incidencia en
Africa y Latinoamérica. En
Estados Unidos, las enfermedades provocadas por microorganismos
transmitidos por el agua disminuyeron a una milésima parte durante el último
siglo. Aun así, la Agencia de Protección Ambiental de EE UU calcula que
las enfermedades infecciosas transmitidas por el agua cuestan al país
unos 9.700 millones de dólares al año. En 1993, la contaminación del
suministro de agua de Milwaukee hizo enfermar a más de 400.000 personas,
de las que murieron 104. El desastre costó a la ciudad unos 150 millones
de dólares. En
1991 se consideró que el agua vertida por un carguero chino era la
culpable de haber introducido la estirpe asiática del cólera en aguas de
Perú. Se cree que, después del vertido, las bacterias se propagaron rápidamente
en el ecosistema marino, infectando al plancton y llegando hasta la
población humana a través del consumo de agua, pescado y mariscos
contaminados. Transcurridos dos años del vertido, se habían registrado más
de 500.000 casos de cólera en toda América Latina, 200.000 de ellos en
Perú. La
degradación del Mar de Aral ha provocado que cientos de miles de personas
padezcan anemia y otras enfermedades debido al consumo de agua saturada de
sales y contaminada de sustancias químicas procedentes de los campos de
algodón. De
acuerdo a un estudio realizado por Medicus Mundi en Gugerat, un estado
situado en el oeste de la India, el agua de los pozos analizados
presentaba un alto grado de contaminación fecal, responsable de la alta
prevalencia de parásitos en la zona. Se analizó a más de 200 personas y
resultó que el 87,3 por ciento estaba infectado con parásitos
intestinales. Un 85,3 portaba parásitos patógenos.
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