| René Antoine Ferchault de Réaumur | |
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Nació: 1683
Murió: 1757 Fué: Físico |
Réaumur comenzó sus estudios en su villa natal y los continuó más tarde con los jesuitas de Poitiers, para terminarlos en Bourges. Llegado a París en 1703, publicó allí tres memorias de geometría, que le abrieron, en 1708, las puertas de la Academia de Ciencias. Allí se encargó, muy pronto, de dirigir una importante publicación: la Descripción de los diversos artes y oficios. Todo lo que se relaciona con la tecnología interesaba a Réaumur. Dirigió a la Academia múltiples escritos y publicó numerosas obras sobre la fabricación de espejos y de perlas artificiales, el trabajo de la pizarra, el arte de dorar el cuero, las propiedades filtrantes del papel, el oro de aluvión de los ríos de Francia, las minas de turquesa, la conservación de los huevos frescos, la seda de las redes, etc. Sus investigaciones sobre las aleaciones ferrosas son particularmente importantes. A partir de 1722, Réaumur utilizó el microscopio para el estudio de la constitución de los metales, fundando así la metalografia. Mostró la posibilidad de transformar la fundición en acero mediante la simple adición de hierro metálico o de chatarra oxidada, y estudió la cementación y el templado del acero en su obra El arte de convertir el hierro forjado en acero y el arte de dulcificar el hierro fundido (1722). Estos trabajos condujeron a la introducción en Francia de la Fabricación del acero y valieron a su autor una pensión anual de 12 000 libras. Réaumur estudió también la
ductilidad de los metales, la resistencia de los hilos retorcidos, la
imanación del hierro. Después, hacia 1725, puso a punto la fabricación
del hierro blanco, otro producto que hasta entonces era importado de
Alemania. De 1727 a 1729, hizo investigaciones análogas sobre porcelanas
de China y de Europa, y descubrió el vidrio desvitriricado, conocido con
el nombre de porcelana de Réaumur. Si la fisica y las artes mecánicas deben mucho al genio de Réaumur, éste participó también en gran medida al progreso de las ciencias naturales y contribuyó a reavivar el gusto por ellas. Sus primeros años, que pasó en parte a orillas del Atlántico, le proporcionaron la ocasión de estudiar los mariscos, la locomoción de las estrellas de mar y de los erizos de mar, del aparato eléctrico del pez torpedo, del desarrollo de los zoofitos. Importante y novedosa su afición al
estudio de los invertebrados y, particularmente, sobre su vida y sus
costumbres. Su gran obra en seis tomos, desgraciadamente inacabada,
Memorias para utilizar en la historia de los insectos (1 734-1742) le ocupó
hasta el fin de su vida. Allí describe todas las especies de orugas, las
series de sus metamorfosis, los insectos que ponen sus huevos en sus
cuerpos, las larvas que horadan galerías en las hojas, las costumbres de
las hormigas-león, de los pulgones, de las cachipollas. Educa las abejas
en colmenas de vidrio para observarlas mejor y reconoce el género
femenino de la reina. |