| Isaac Newton | |
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Nació: 1642
Murió: 1727 Fué: Físico |
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Newton nació en el seno de una familia campesina, en la aldea de Woolsthorpe, en Inglaterra. Se sabe muy poco sobre sus primeros años y al parecer su vida como estudiante en Cambridge fue poco distinguida. En 1665, una epidemia de peste hizo que las universidades cerraran sus puertas y Newton regresó a su casa, en el campo, donde permaneció hasta 1667. Allí, en dos años de soledad rústica -de los 22 a los 24 años de edad- su ingenio creativo explotó en un torrente de descubrimientos no superados en toda la historia del pensamiento humano:
De todos modos, su capacidad única era tan evidente para su maestro Isaac Barrow quien, en 1669, dimitió su profesorado en favor de su alumno (¡un caso sin precedentes en la vida académica!) y Newton se estableció en Cambridge durante los 27 años siguientes. Sus descubrimientos matemáticos nunca se publicaron realmente en forma conexa y llegaron a conocerse, en forma limitada, casi por accidente, por medio de conversaciones y de las respuestas a preguntas que le hicieron por carta. Consideró sus descubrimientos en matemáticas primordialmente como un instrumento fructífero para el estudio de problemas científicos y como algo que, en sí mismo, tenía relativamente poco interés. Mientras tanto, en Alemania, Leibniz había inventado también el cálculo, de manera independiente; y debido a su constante correspondencia con los Bernoulli y a los trabajos posteriores de Euler, el nuevo análisis se extendió en todo el continente, donde permaneció a la cabeza durante 200 años No se sabe gran cosa sobre la vida de Newton en Cambridge, en los primeros años de su profesorado; pero es seguro que entre sus principales intereses se contaron la óptica y la construcción de telescopios. Experimentó muchas técnicas para esmerilar vidrios (con herramientas diseñadas por él mismo) y hacia 1670 construyó el primer telescopio de reflexión, el antepasado de los grandes instrumentos que se utilizan actualmente en monte Palomar y en todo el mundo. La pertinencia y la simplicidad de su análisis prismático de la luz solar, marcó ese trabajo inicial como uno de los clásicos sin limitaciones de tiempo de las ciencias experimentales. No obstante, eso era sólo el comienzo, puesto que fue penetrando cada vez más en los misterios de la luz y todos sus esfuerzos en ese sentido siguieron dando muestras de un ingenio experimental del más alto orden. Publicó algunos de sus descubrimientos; pero los científicos más destacados de su tiempo los recibieron con tanta estupidez contenciosa, que Newton se retrajo nuevamente en su concha, con una mayor resolución de trabajar, a partir de entonces, para su exclusiva satisfacción. Veinte años después, confió a Leibniz las palabras siguientes: "En cuanto a los fenómenos
de los colores... Estoy convencido de haber descubierto la explicación
más segura; pero no quiero publicarla en libros, por temor de que los
ignorantes inicien disputas y controversias contra mi" Cuando Newton se dedicaba al trabajo científico se parecía a un volcán activo, con largos periodos de inactividad, contrastados, de vez en cuando, por grandes erupciones de una actividad casi sobrehumana. El libro Principia lo escribió en 18 meses de increíble concentración, y cuando se publicó, en 1687, se reconoció inmediatamente que era una de las realizaciones supremas de la mente humana. En esa obra, estableció los principios básicos de la mecánica teórica y la dinámica de los fluidos, aplicó el primer tratamiento matemático al movimiento ondulado, dedujo las leyes de Kepler a partir de la ley de cuadrados inversos de la gravitación y explicó las órbitas de los cometas; calculó las masas de la Tierra, el Sol y los planetas con sus satélites, explicó la forma aplastada de la Tierra y utilizó esta idea para explicar la precesión de los equinoccios, además de que estableció la teoría de las mareas. Estas son tan sólo unas cuantas de las numerosas maravillas de su obra prodigiosa. El Principia es un libro de lectura difícil, porque tiene un estilo de inhumana lejanía que quizá sea el más apropiado para la grandeza del tema. Asimismo contiene densas ecuaciones matemáticas de geometría clásica, poco cultivada en su época y todavía menos en la actualidad. En cuanto a la dinámica y mecánica celeste, logró concluir magníficamente la obra que habían iniciado Copérnico, Kepler y Galileo. Ese triunfo fue tan completo que los trabajos de los principales científicos en esos campos, durante los dos siglos siguientes, fueron poco más que notas calcadas de esta síntesis colosal. También vale la pena recordar que la espectroscopia ha contribuido, más que ninguna otra ciencia, al progreso de los conocimientos astronómicos del universo en general; tuvo su origen en el análisis prismático de la luz del Sol, que realizó Newton. Después de la poderosa erupción de su ingenio que lo llevó a la creación de Principia, Newton volvió a alejarse de las ciencias. En 1696, abandonó Cambridge para ir a Londres, con el fin de convertirse en Warden of the Mint (y posteriormente en Master), y durante el resto de su larga vida, se introdujo un poco en la sociedad e inclusive comenzó a gozar un poco de su posición única, en el pináculo de la fama como científico. Esos cambios de intereses y de ambiente no se reflejaron en una disminución de su capacidad intelectual inigualable. Por ejemplo, un atardecer, al final de un día de trabajo agotador en la Moneda, se enteró del problema de la braquistócrona de Johann Bernoulli -presentado como un desafío "para los matemáticos más brillantes del mundo"- y lo resolvió esa misma noche, antes de acostarse. La publicación de su obra
Opticks, en 1704, fue mucho más importante para la ciencia. En ese
libro, reunió y amplió sus trabajos anteriores sobre la luz y los
colores.
La leyenda pretende que, en
1666, Newton, que entonces contaba 24 años, habría visto cómo caía
una manzana mientras fantaseaba sentado bajo un manzano en una noche de
Luna llena, y habría pensado entonces que la Luna, al igual que la
manzana, estaba sometida a una fuerza de gravedad.
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