| Citología |
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Núcleo Con
la excepción de unos pocos casos, como por ejemplo los glóbulos rojos de
la sangre de los mamíferos, todas las células tienen por lo menos un núcleo.
En las células eucariotas (con núcleo verdadero), éste se encuentra
separado del citoplasma por la membrana nuclear, que lo delimita. La forma
del núcleo es frecuentemente esférica o elíptica, aunque en algunas células
es completamente irregular. En general, acupa una posición característica
y constante para cada tipo de célula. El tamaño del núcleo guarda
relación con el volumen citoplasmático. En las células
procariotas no existe una membrana nuclear definida, pero con técnicas
adecuadas se puede demostrar la presencia de microfibrillas de ADN (ácido
desoxirribonucleico), organizadas en un solo cromosoma. La
estructura del núcleo eucariótico varía considerablemente a lo largo de
la vida de una célula. Por este motivo, llamó poderosamente la atención
a los citólogos desde su descubrimiento como elemento constante de la célula.
Esto hizo que le dedicaran, y le sigan dedicando, gran parte de su atención.
Los cambios de la estructura del núcleo son regulares y constantes, y están
relacionados con la división celular. Cuando la célula llega a esa fase
de su ciclo vital, se comprueba que desaparecen la membrana nuclear y el
nucléolo, al mismo tiempo que se hacen aparentes los cromosomas. Cada
especia biológica tiene un número constante de cromosomas en sus células
somáticas que, si bien sólo se distinguen como unidades independientes
durante la división celular, conservan su individualidad permanente. Se
considera que durante el período que transcurre entre dos divisiones
celulares, etapa a la que se llama interfase, los cromosomas están
representados por unos filamentos o grupos retorcidos de cromatina,
sustancia llamada así por que se tiñe especialmente con determinados
colorantes básicos. La cromatina, al igual que el nucléolo, se encuentra
dispersa en el jugo nuclear o carioplasma.
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