| Citología |
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Célula
vegetal La
célula vegetal típica se caracteriza por estar envuelta en una membrana
celular de naturaleza celulósica y por tener plásticos, unos orgánulos
especiales que contienen pigmentos y a los que deben las plantas su color.
Normalmente los plastos contienen clorofila, el pigmento verde que da
color a las hojas, y entonces se llaman cloroplastos; pero pueden tener
otros pigmentos, como carotina, de color anaranjado, y xantofila, de color
amarillo, que son lo que dan color a las hojas en otoño, a la raíz de la
zanahoria y a los pétalos de algunas flores, se llaman cromoplastos. Los
plastos que no están impregnados de pigmento y que por eso están en células
incoloras se llaman leucoplastos. Las
células vegetales contienen granos de almidón como sustancia de reserva,
y en las células jóvenes hay vacuolas pequeñas; más tarde se fusionan
formando una vacuola grande que contiene jugo vacuolar con sustancias en
disolución; al secarse las vacuolas aparecen, frecuentemente, granos de
aleurona, sustancia de reserva alimenticia de naturaleza albuminiodea, que
el embrión de la semilla utiliza durante la germinación; estos granos
son muy frecuentes en leguminosas y cereales y de otras semillas que
sirven de alimento al hombre. Las células vegetales tienen otras muchas
sustancias, como aceites (en la aceituna, semilla de ricino), azúcares
(en las frutas, caña de azúcar, remolacha), ácidos (en naranjas y
limones) y otros compuestos. Aunque
en las plantas la membrana celular típica es la celulosa, a veces puede
quedar impregnada de sustancias minerales u otras sustancias, como lignina,
que es muy consistente y forma el leño; suberina, que es impermeable y
forma el corcho, y cutina, que cubre los tallos jóvenes y las hojas. A
las transformaciones correspondientes se les llama mineralización,
lignificación, suberización y cutinización, respectivamente. Las
células vegetales propiamente dichas no tienen ninguna dimensión
predominante; las que son muy alargadas y fusiformes se llaman fibras, y
las que sirven para conducir las sustancias alimenticias se llaman tubos,
si están vivas, y vasos, si están muertas.
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